Desesperación vs Esperanza
DR. EDWIN LÓPEZ, PHD
Un día menos inesperado; suena
el teléfono, y contesto la llamada sin saber cuán dolorosa es la información
que me van a dar, en ese momento. Cuando
contesto la llamada diciendo “Hola”, ignorando totalmente la información que te va a dar la
persona que está al otro lado del auricular, que puede ser: un familiar, una
amistad o algún funcionario
seguridad. Menciona tu nombre y
te informan, una de las noticias más triste, impactante e inesperada que una
persona pueda recibir, ya que el mayor resultado es desesperanza. Te dicen que un amigo, un primo, un padre,
una madre, un hijo, una hija o alguna persona bien cercana a ti, se ha
suicidado.
En ese momento nuestra reacción
es no comprender lo que te están diciendo, la segunda reacción es decir no
puede ser y nuestra tercera reacción es caer en el piso o sentarnos en un
asiento, quebrantados de la emoción; y en milésimas de segundo te pasan todas
las memorias que compartiste con esa persona.
Luego comenzamos a preguntarnos, porqué, qué paso y qué se puede hacer,
para evitarlo y como si fuera poco la sensación de impotencia,
nerviosismo y aturdimiento se generaliza en todo tu cuerpo, paralizándote por
un momento.
La realidad es que en la mayoría de los casos esas preguntas, nunca van
a tener respuestas, porque posiblemente nunca íbamos a poder evitarlo. Pero como seres humanos tenemos una misión,
y es que lo que no podamos evitar, tenemos que prevenirlo.
En las últimas décadas las personas de edad avanzada son la mayor
población que cometen suicidio tanto en Puerto Rico como en diferentes partes
del mundo. En este mundo moderno,
vivimos en una cultura del descarte.
Descartamos todo aquello que creemos que no sirve, que no produce, que
nos molesta o todo lo que puede convertirse en una piedra de tropiezo para
disfrutar de la vida. Pero sin darnos también
hemos ido descartándolos a través de la indiferencia las personas más
desventajadas incluyendo nuestros viejos.
Entre los principales factores
que influyen para que uno de nuestros viejos se suicide están: la depresión, problemas económicos, la
soledad o nido vació, la pérdida de habilidades físicas como la memoria, el
caminar, el miedo a tener que depender de otras personas o como muchos de ellos
dicen, no quiero ser una carga para mis seres queridos, etcétera. Si analizamos las causas antes mencionadas están
relacionada con la pérdida de facultades físicas y mentales, que ponen a
nuestros viejos en una incertidumbre de quien me los va a cuidar y/o como tengo
acceso a un cuidado apropiado para mi persona.
Generando así la desesperanza en nuestras Personas de Edad
Avanzadas.
Pero como dije anteriormente que
la misión del ser humano no necesariamente es evitar que ocurran los suicidios,
sino buscar la manera de prevenir que ocurran los mismos. El desarrollo de programas donde nuestros
viejos puedan encontrar el apoyo y la ayuda que nuestros viejos necesitan que pueda
ser la clave en disminuir la tasa de suicidio de esta población. En otras palabras, tratar de que en vez de
que nuestros viejos, vean un mundo de desesperanza, puedan ver un mundo lleno
de esperanza. Un mundo que acompañé a
nuestros viejos en el caminar de la vejez, así como muchos de ellos nos
acompañaron en nuestro crecimiento.
Mi gente, tomemos conciencia que
nuestros viejos son la memoria del mundo en que vivimos, aprendamos de sus
experiencias, ya sean buenas o malas.
Dejemos de creer que un título universitario nos hace más inteligente
que ellos, ya que la inteligencia, sin sentido común es común un lego de 1,000
piezas sin tener quien lo construya. Nuestros
estudios nos dan el conocimiento, pero nuestros viejos nos brindan la sabiduría. Además, no nos podemos conformar con ser
empático, sino simpaticemos con nuestros viejos o con aquellos que cuidan de
nuestros viejos, volvamos a ser comunidad.
El individualismo generalizado en el siglo 20 nos ha convertido en una
sociedad vulnerable, sin red de apoyo, llenos de indiferencia. Creando una vida sin sentido, que consta en
dormir, comer, beber, disfrutar de los placeres de las vidas, jugar videojuegos
y ver Netflix.
Busquemos nuevamente el sentido a la vida, aprendamos a vivir en
comunidad y compartir con nuestros seres queridos. Vivamos
el presente con nuestros viejos y dediquemos tiempo, amor y cariño; atrevámonos
a llevar ese aliento de esperanza a nuestros envejecidos. Ya que llevando esperanza a otros es que
aprendemos a vivir con esperanza y en ella.
Cada persona es importante en
este mundo, todos tenemos nuestra misión no importa la condición social,
económica, nivel académico o de salud.
Cuando veamos a un amigo, familiar, algún conocido triste y que a veces
diga que la vida no tiene sentido o que no desea vivir, tratemos de buscarle
ayuda de algún profesional.
De manera que, en el Centro Psicológico ILO tenemos profesionales de la
conducta comprometidos con su salud mental. Nos encontramos en Caguas en la Calle Mis Amores D 12, Urb. San Alfonso o en Guayama San Vicente Mall sector
Melania. En el mismo contamos
con un equipo preparado para acompañarte. ¡Comunícate!


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